El fantasma con mala suerte
José Antonio Zambrano*Eran las doce de la noche y el fantasma dormía en su cama. Este fantasma vivía en un desván: descansaba en el día y asustaba de noche. ¿Qué cómo lo supe yo? Muy sencillo: lo espiaba por el ojo de la cerradura, no por el ojo de la cerradura de la puerta del desván, sino por el ojo de la cerradura de la puerta de la imaginación.
Esa noche, igual que todas las noches, sonó el despertador y el fantasma se levantó a la carrera. Pero... ¡oh, desgracia! Por las prisas se descuidó y pisó primero con el pie izquierdo. "¡Noche de mala suerte!", dijo, pues como era fantasma de buena cepa, su deber era ser supersticioso a ultranza.
Después de que pisó con el pie izquierdo, el fantasma corrió a tocar madera para librarse del mal agüero. Tocando madera estaba cuando, miau, un gato negro apareció en la ventana.

Literatura infantil
LA BIBLIO José A. Guisasola