
¡Qué tristeza!
En su cuevita redonda, el bicho se aburría. ¿Qué bicho era? Un bicho que todavía era Ningún Bicho y no encontraba a qué jugar para entretenerse. Para colmo su cuevita no tenía ventanas, ni puertas, ni chimenea ni nada. Era como un globo visto por dentro, y como Ningún Bicho jamás salía, ignoraba su nombre o dónde se hallaba.
Pero eso sí, calentito. Ningún Bicho estaba calentito.
El bicho Ningún Bicho se rompía el coco pensando qué hacer para no aburrirse.
¡Ya está!
¿Cómo no lo había pensado antes? pero sí.

Literatura infantil
LA BIBLIO José A. Guisasola