Cuento 1: EL DEDUCTIVO SEÑOR TÁBANO, de Pedro Pablo Sacristán
El señor Tábano era el nuevo responsable de la oficina de correos de la pradera. Le había costado mucho obtener aquel trabajo tan respetado viniendo desde otro jardín, y según él, lo había conseguido gracias a sus grandes dotes deductivas. Y aquel primer día de trabajo, en cuanto vio aparecer por la puerta a don escarabajo, la señora araña, la joven mantis y el saltamontes, ni siquiera les dejó abrir la boca:
—No me lo digan, no me lo digan. Seguro que puedo deducir cada uno de los objetos que han venido a buscar- dijo mientras ponía sobre el mostrador un libro, una colchoneta, una lima de uñas y unas gafas protectoras.
Desde sus orígenes en Lazarillo de Tormes, la Picaresca es un género literario que se caracteriza por contar aventuras en donde la habilidad del que aparenta ser el más débil lo hace triunfar por sobre el fuerte. El pícaro se perfila como antihéroe ya que sus hazañas llevan implícitas la necesidad de sobrevivir. Dentro del folklore de América Latina, el pícaro toma múltiples formas: Tío Conejo, Pedro Rimales o Juan Bobo. Sin importar el nombre que adopte, este personaje siempre se valdrá de su astucia para salir adelante frente a diversas ocasiones, generando de este modo, simpatía con el lector.
A continuación, compartimos un cuento picaresco que nos narra una divertida e ingeniosa aventura de Pedro Malasartes, personaje tradicional de los cuentos populares brasileros.
“SOPA DE PIEDRAS”
Pedro Malasartes era pícaro y muy astuto. Un día se puso a escuchar una conversación entre varios hombres en la puerta de un bar. Ellos hablaban de una vieja avara que vivía en una chacra cerca del río. Cada uno contaba una historia peor que otra.
—La vieja es una tacaña. No da comida ni para los perros que cuidan su casa —contaba uno.
—Cuando llega alguien a almorzar, cuenta los porotos antes de ponerlos en el plato —decía otro.