En un pequeño pueblecito, a las afueras de una gran ciudad, existía una diminuta carpintería famosa por los muebles que allí se fabricaban. Cierto día las herramientas decidieron reunirse en asamblea para dirimir sus diferencias. Una vez estuvieron todas reunidas, el martillo, en su calidad de presidente tomó la palabra:
–Queridos compañeros, ya estamos constituidos en asamblea. ¿Cuál es el problema que queréis tratar?
–Tienes que dimitir, exclamaron muchas voces.
–¿Por qué? ¿Cuál es la razón?, inquirió el martillo muy extrañado.
–¡Haces demasiado ruido!, se oyó decir al fondo de la sala, al tiempo que los demás afirmaban con sus gestos.
–Además –agregó otra herramienta–, te pasas el día golpeando todo.
El martillo se sintió muy triste y frustrado por lo que reaccionó de inmediato.
–Está bien –se sinceró con todos–, me iré si eso es lo que queréis. ¿Quién se propone como presidente?
–Yo –se autoproclamó el tornillo–, yo seré el próximo presidente.
–De eso nada –gritaron varias herramientas–. Sólo sirve si das muchas vueltas y eso nos retrasa todo.
Hubo un pequeño silencio sólo cortado por algún murmullo, hasta que de repente se levantó la lija.
–Seré yo, exclamó.
–¡Jamás! –protestó la mayoría–. ¡Eres muy áspera en tu trato y siempre tienes fricciones con los demás.

Literatura infantil
LA BIBLIO José A. Guisasola