
EL DE ESTE CUENTO NO ES UN MONO COMO TODOS. NO PORQUE NO TENGA CARA DE MONO, PATAS DE MONO Y OJOS DE MONO, QUE SÍ LOS TIENE IGUAL QUE LOS DEMÁS. LA DIFERENCIA DE ÉSTE CON LOS OTROS MONOS DEL PLANETA SON SUS COSTUMBRES: ODIA LAS BANANAS Y ADORA LEER EL DIARIO.
DECIR QUE ESTE MONO DETESTA LAS BANANAS ES APENAS ALGO, PERO NO TODO: TAMPOCO LE GUSTAN LAS GALLETITAS QUE LE TIRAN LOS CHICOS CUANDO VISITAN SU JAULA, NO ACEPTA NUECES PELADAS, NI LECHUGA, NI TOMATES, NI MANZANAS, NI SOPA, NI GUISO, NI MILANESA CON PAPAS FRITAS. ESTE MONO COME PIZZA Y NADA MÁS.

En su fábrica patrón Palanca hacía bebidas con los residuos del petróleo. Pero nadie compraba esas bebidas porque eran negras y hacían venir dolor de barriga.
Entonces inventó una linda publicidad para convencer a la gente.
“Una bebida de Rey para la mamá, el papá y para vos.”
Todos la bebían…
Y él se hizo rico, muy rico, casi como el rey.
Los ricos son siempre amigos de los reyes y también patrón Palanca se hizo amigo.
Una noche fue a cenar a su castillo y le dijo: “¡Hagamos una gran guerra! Yo te construiré la ultrabomba y vos me darás cien ultramillones. Yo seré el más rico del mundo y vos el rey de toda la tierra”.
“Bien”, dijo el rey. “Pero ¿cómo hacemos para convencer a la gente que haga la guerra por nosotros?”.
“Me encargo yo”, dijo patrón Palanca. Se hizo jefe de la televisión e hizo un noticiero lindo como la publicidad y todas las noches decía:
“Es lindo combatir y morir por mí y por el rey”.

Había una vez un rey grande, en un país chiquito.
En el país chiquito vivían hombres, mujeres y niños.
Pero el rey nunca hablaba con ellos, solamente les ordenaba.
Y como no hablaba con ellos, no sabía lo que querían, y lo que no querían; y si por casualidad alguna vez lo sabía, no le interesaba.
El rey grande del país chiquito, ordenaba, solamente ordenaba; ordenaba esto, aquello y lo de más allá, que hablaran o que no hablaran, que hicieran así o que hiciera asá.
Tantas órdenes dio, que un día no tuvo más cosas que ordenar.
Entonces se encerró en su castillo y pensó, y pensó, hasta que decidió:

HABÍA UNA VEZ UNA SIRENA QUE VIVÍA POR EL RÍO PARANÁ. TENÍA SU RANCHITO DE HOJAS EN UN CAMALOTE Y ALLÍ PASABA LOS DÍAS PEINANDO SU LARGO PELO COLOR DE MIEL, Y PASABA LAS NOCHES CANTANDO, PORQUE SU OFICIO ERA CANTAR.
EN NOCHES DE LUNA LLENA
POR EL RÍO PARANÁ
UNA SIRENA CANTANDO VA.
POR AQUÍ, POR ALLÁ,
EL AGUA QUÉ FRÍA ESTÁ.
JUNCAL Y ARENA DEL PARANÁ,
UNA SIRENA CANTANDO VA.
ALAHÍ SE LLAMABA LA SIRENA Y, COMO ERA UN POCO MAGA, SABÍA GOBERNAR SU CAMALOTE Y REMONTARLO CONTRA LA CORRIENTE. A VECES IBA HASTA LAS CATARATAS DEL IGUAZÚ PARA DARSE UNA LARGA DUCHA FRESQUITA LLENA DE ESPUMA.

NO TODAS LAS PRINCESAS SON LINDAS, COMO ALGUNOS PIENSAN. NO, SEÑOR.
LA PRINCESA FLORIPÉNDULA, SIN IR MÁS LEJOS, TENÍA UNOS OJITOS, Y UNAS OREJAS, Y UNA BOCUCHA… ¡QUE BUENO, BUENO…! TODOS LOS DÍAS FLORIPÉNDULA LE PREGUNTABA A SU ESPEJO MÁGICO:
—¿HAY ALGUNA DAMA EN EL REINO MÁS BELLA QUE YO?
Y EL ESPEJO LE CONTESTABA:
—SÍ. DOS MILLONES TRESCIENTAS MIL.

El trompo giraba y giraba abriendo un huequito en la tierra.
Primero había bailado en un enorme círculo que se fue cerrando cada vez más, hasta quedarse quieto, casi inmóvil, casi hasta hacer dudar si no estaba clavado en el suelo.
—¡Se durmió! —dijo el Negro en voz baja, un poco como para no despertarlo—. ¡Mirá cómo se durmió!
—¡Sin cabecear siquiera! —dijo Atilio—. No hay un trompo como éste.
—¿Es cierto Atilio? ¿Es cierto lo que dice el Negro? —preguntó el Rubio, que acababa de llegar.
—Si lo dice el Negro no debe ser cierto.
—Dijo que su trompo es de palo santo.
—Y bueno, alguna vez tenía que decir la verdad.
—Bah, no puede ser. ¿Quién vio un trompo de palo santo?

Don sapo vuelve de Buenos Aires y los otros animales del monte le piden que cuente lo que ha visto. Y así él va desgranando para los oídos curiosos del piojo, el yacaré, los monos, el coatí y demás las cosas raras que hay en la ciudad, sus costumbres raras, su idioma raro y los cuentos raros que allá cuentan a los chicos…
Cuento 1:
UNA PIEDRA MUY GRANDE
Esa tarde la lluvia caía y caía y un olor a tierra mojada llenaba el monte.
—¡Eh, don sapo! —gritó el piojo desde debajo de la panza del ñandú—. ¡Aquí no nos moja la lluvia! ¡Qué oportunidad para que nos cuente un cuento!
—¡Un cuento de Buenos Aires, don sapo! ¡Cuéntenos más de Buenos Aires! —pidió la garza blanca.
—¡Eso, don sapo! —dijo el quirquincho—. ¿Qué les gusta a los que viven allá? ¿Tienen buena tierra? ¿Les gusta el olor de la tierra mojada?
—Son raros, no tienen tierra a mano, los pobres.
—¿Cómo?

Cuento 1: PÍMPATE
Un día Miguel tuvo que hacer algo muy importante. El dueño de la papelería le pidió, nada más ni nada menos, que llevara un rollo de papel a la casa de su cliente el dibujante.
–Mucha atención, a no estropearlo, tené cuidado –réquete recomendó el señor papelero.
Miguel contestó sisisisí y se fue con el rollo.
El día era tan lindo que las calles del barrio parecían caminitos de plaza.
Miguel caminó al compás de pim pam, pim pam, dando suaves golpecitos con el rollo en el suelo. Hasta que, pímpate, el rollo se convirtió en un bastón bailarín.
Pímpate pam, pímpate pam, Miguel y su bastón llegaron a la esquina.
En la avenida había un lío de coches que protestaban con bocinas de trueno y clarinete. Entonces pímpate, el bastón se transformó en una batuta de director de orquesta y Miguel dirigió el gran concierto de bocinazos.

A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.
Cuando la vida se comporta de ese modo, se nos ensucian los ojos con los que vemos. Es decir, los verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan papeles escritos con una letra que creemos reconocer. El cielo se mueve más rápido que las horas. Y lo peor es que nadie sabe si, alguna vez, regresará la calma.
Así ocurrió el día que papá se fue de casa. La vida se nos transformó en viento casi sin dar aviso. Recuerdo la puerta que se cerró detrás de su sombra y sus valijas. También puedo recordar la ropa reseca sacudiéndose al sol mientras mamá cerraba las ventanas para que, adentro y adentro, algo quedara en su sitio.
–Le dije a Ricardo que viniera con su hijo. ¿Qué te parece?
–Me parece bien –mentí.
Mamá dejó de pulir la bandeja, y me miró:
–No me lo estás diciendo muy convencida...
–Yo no tengo que estar convencida.
–¿Y eso qué significa? –preguntó la mujer que más preguntas me hizo a lo largo de mi vida.

Cuento 1: LOS DONES
Un día nació una brujita y, como ocurre en esos casos, acudieron a verla sus hadas madrinas para hacerle entrega de sus dones.
—¿Qué gracia le concedemos a esta brujita recién nacida? —preguntó una de ellas.
—El don de hacerse invisible —sugirió un hada de rostro alunado.
—Creo que sería más útil para ella si fuera dotada de la habilidad para preparar filtros de amor —sugirió otra de talle de avispa.
—Yo soy de la opinión de que lo que más le conviene es la gracia de adivinar el pensamiento —dijo un hada que lucía en sus dedos anillos de hielo.
—Insisto en que lo más aconsejable es que adquiera la gracia de hacerse invisible —afirmó el hada de la faz de luna.
Mamá bruja se acercó a las hadas y tímidamente dijo:
—Yo deseo que a mi hija le concedan la gracia de volar.