Yo me llamo Mirandolina y uso un vestido plateado.
Cuando era muy chiquita, me gustaba jugar a las escondidas con mis hermanos. Yo me iba corriendo, y me metía detrás de los corales rojos, o debajo de un ancla herrumbrada que había cerquita de la plaza de mi pueblo.
¡Qué azul era todo lo que me rodeaba! Azul y cristalino.
Después crecí, y mi mamá me dijo que ya era una señorita grande, que podía andar sola por el mundo.
¡El mundo!, pensaba. Y se me iluminaban los ojos.
Empecé a andar de aquí para allá, para conocerlo.
Había seres más chicos que yo, y seres más grandes que me parecían gigantes inmensos.
Algunos andaban ligero, y otros apenas se movían.
Pero yo tenía una gran curiosidad: había descubierto que algunos de mis hermanos cuchicheaban entre sí, y se contaban historias de cuando, una vez, habían podido conocer otro mundo distinto, que no era ni azul ni cristalino.

Literatura infantil
LA BIBLIO José A. Guisasola