
Lo que les voy a contar ocurrió hace mucho, mucho tiempo, cuando yo iba a visitar a mi tía Nina. Ella vivía en una casa antigua, con un gran patio y muchas flores. A mí me encantaba ir a dormir con Nina porque podía jugar en su jardín por las mañanas, ayudarle a cocinar y sobre todo… ¡Desayunar en la cama!
Siempre tendía para mí un sofá que estaba contra una pared de su dormitorio. Allí me acostaba cada noche y mientras me dormía, me gustaba mirar una gran mancha de humedad que había en esa pared. Buscaba adivinar en esa mancha formas, caras, personajes. Una noche de lluvia ocurrió algo muy extraño. De pronto, vi salir de la pared algo extraordinario. Parecía un fantasma de algodón…pero oscuro, tan oscuro como las nubes que anuncian chaparrones. Sentí que tocaba uno de mis hombros mientras se transformaba en una dama gris de increíble belleza y decía con voz muy profunda, pero dulce y amable:

Felipe estaba harto de ser soldado de torta. En una casa con cuatro niños: Valerio, Víctor, Venancio y Valentín, todos los años le tocaba un cumpleaños de trabajo… ¡Era demasiado! Estaba decidido a cambiar de actividad. Quería ser útil toda la temporada.
Escuchó que el menor, Valentín, de sólo un año, lloriqueaba en la cuna. Su mamá estaba hablando por teléfono, entonces Felipe salió de la alacena y en puntas de pie fue hasta la almohada de Valentín. Le cantó bajito:
Duérmase niñito, duerma Valentín,
su amigo Felipe lo cuidará aquí.
¡El nene se durmió!

CUENTO 1: PEPITA CATALINA SE PERDIÓ
—¿DÓNDE ESTÁ MI PEPITA CATALINA? —PREGUNTÓ CECILIA, CON GANAS DE LLORAR. ESA NOCHE SE QUEDARÍA A DORMIR CON SUS ABUELOS, PERO SIN SU MUÑECA DE TRAPO AL LADO, EL SUEÑO NO VENDRÍA NUNCA.
—YO NO LA VI -DIJO BERNARDO. ACÁ, CON MIS HERRAMIENTAS, NO ESTÁ —Y SIGUIÓ ARREGLANDO SU GRÚA VERDE—. SI LA ENCUENTRO DESARMADA, LE PONGO TORNILLOS Y TE LA DOY.
GABRIEL, POR SU PARTE, EXCLAMÓ:
—YO TAMPOCO LA VI. ESTOY LUCHANDO CONTRA LOS MONSTRUOS ¡NO SÉ SI ELLOS SE LA LLEVARON, PERO LES GANARÉ Y LA TRAERÉ DE VUELTA PARA LA NOCHE, TE LO ASEGURO, CECILIA!

Ágata, la gata, quiere ser pirata. Ha encontrado el mapa de un tesoro. Piensa salir a navegar por los siete mares para conseguirlo.
Ya convenció a su marido, Fortunato Malagato.
Llevarán con ellos a sus cuatro gatitos: Robertito, Cholito, Nito y Tito. Construirán un barco y prepararán equipajes, armas y alimentos. ¡Será una aventura increíble!
Los pájaros carpinteros trabajan y trabajan: el barco debe estar listo para la próxima noche de luna llena. Es la fecha elegida por Ágata y Fortunato. Los carpinteros también deben hacer seis patas de palo: dos grandes y cuatro pequeñas, ¡porque no hay piratas sin patas!

En el barrio ha aparecido una perrita. Nadie sabe de dónde salió. Está lastimada, sucia y hambrienta… ¡Tiene unos ojos tan dulces!
Tito, el mecánico, ha llamado al veterinario. ¡Éste ha curado a la perrita y además, le ha puesto un montón de inyecciones. Tito le dice con suavidad:
—Tranquila, el doctor te hará bien.
Mientras tanto, le arma una cama de trapos viejos y acuesta en ella para que se sienta mejor.
Esta mañana, la perrita se ve más fuerte. Tito la lleva al lavadero de coches. Entre todos le dan un baño espumoso y tibio.
¡La perrita queda preciosa!

—¡Una MAMIPOSA! —gritó Agustín y nadie en la casa entendió.
Al rato, pasó por allí el tío José. Venía muy apurado. Les dio un beso a los chicos. Se fue murmurando algo extraño: PAPIROSA, PAPIROSA…
A Lucía eso le llamó la atención. ¿Qué nombrarían? Fue a la biblioteca. Sacó del estante un libro azul, grande, gordo…Su mamá le había dicho que se llamaba diccionario. En él podría encontrar a todas las palabras.
Buscó la M. Recorrió las páginas con esa letra… ¡MAMIPOSA no estaba!
Luego siguió con la P. Ocurrió lo mismo. PAPIROSA tampoco aparecía… ¿Cómo sabría, entonces, qué habían querido decir su hermanito y el tío José?
Tomó el celular y llamó a su abuela. Ella le comentó que tampoco conocía esas palabras. Consultarían a una amiga suya, bruja muy lectora que vivía cerca de su casa, allá por las plazoletas con palmeras.
La bruja jamás había escuchado eso de MAMIPOSA o PAPIROSA, pero conocía a Córcholis, la lechuza sabia de la laguna.