Había una vez una casa somnolienta que siempre tenía sueño. Todas las mañanas, el sol, que es muy madrugador la despertaba haciéndole cosquillas en las ventanas. La casa bostezaba y decía:
—Un ratito más y ya me levanto.
Y remoloneando, remoloneando... ¡zas! Se quedaba dormida y con ella los que vivían allí: la mamá, el papá, los niños y el gato.
Cuando finalmente la casa abría los ojos, digo, las ventanas...
—¡Qué barbaridad! —decía—. Me quedé dormida otra vez. ¡Vamos, vamos, a levantarse!
Y todos salían de la cama corriendo para no llegar tarde. Pero ¡qué desastre!, ¡qué apuro!, el papá se ponía un zapato de cada color, la mamá se olvidaba de sacarse la cofia de baño y los chicos no podían terminar de tomar la leche.

Literatura infantil
LA BIBLIO José A. Guisasola