
Dicen que dicen que un día, Mulukú el Dios de una tribu africana, tuvo ganas de estar acompañado.
Entonces cavó un gran pozo en la tierra con sus manos y del pozo salió un hombre.
Cavó otro pozo y salió una mujer.
Les dio muy buena tierra para cultivar, herramientas para trabajar y semillas de mijo para sembrar.
Y les explicó:
–Para vivir bien tendrán que construirse una casa sólida. Les enseñaré a trabajar la tierra para sembrar y así tendrán comida.
–Bueno, bueno– dijeron a coro el hombre y la mujer, y se fueron.
Al tiempo Mulukú volvió a visitarlos y se encontró con que el lugar estaba vacío. No había casa.
No había tierra sembrada, se habían comido las semillas de mijo y las herramientas estaban tiradas por ahí.
Desilusionado se sentó en una piedra a pensar.

Literatura infantil
LA BIBLIO José A. Guisasola