Esopo. Fabulista griego. Los historiadores no están de acuerdo en cuanto al lugar de su nacimiento. Algunos lo ubican en Tracia y otros en Frigia. La época en que vivió también varía según los autores, aunque todos coinciden en que vivió alrededor del siglo 600 a. C. Sus fábulas pertenecen a lo que se denominó la época arcaica y fueron tan famosas que se utilizaban como libros de texto en las escuelas de Atenas.
Las fábulas de Esopo tienen su fuente en los relatos populares; los personajes son generalmente animales y tienen una enseñanza moral.
EL EMBUSTERO, Esopo
Un hombre enfermo y de escasos recursos prometió a los dioses sacrificarles cien bueyes si le salvaban de la muerte. Queriendo probar al enfermo, los dioses le ayudaron a recobrar rápidamente la salud, y el hombre se levantó del lecho. Más como no poseía los cien bueyes comprometidos, los modeló con sebo y los llevó a sacrificar a un altar, diciendo:
—¡Aquí tienen, ¡oh dioses!, mi ofrenda.
Los dioses decidieron también burlarse a su vez del embustero, y le enviaron un sueño que le instaba a dirigirse a la orilla del mar, donde inmediatamente encontraría mil monedas de plata.
No pudiendo contener su alegría, el hombre corrió a la playa, pero allí cayó en manos de unos piratas que luego lo vendieron. Y fue así como encontró las mil monedas de plata.
Moraleja: Quien trata de engañar, termina engañado.
Las fábulas de Esopo tienen su fuente en los relatos populares; los personajes son generalmente animales y tienen una enseñanza moral.
EL EMBUSTERO, Esopo
Un hombre enfermo y de escasos recursos prometió a los dioses sacrificarles cien bueyes si le salvaban de la muerte. Queriendo probar al enfermo, los dioses le ayudaron a recobrar rápidamente la salud, y el hombre se levantó del lecho. Más como no poseía los cien bueyes comprometidos, los modeló con sebo y los llevó a sacrificar a un altar, diciendo:
—¡Aquí tienen, ¡oh dioses!, mi ofrenda.
Los dioses decidieron también burlarse a su vez del embustero, y le enviaron un sueño que le instaba a dirigirse a la orilla del mar, donde inmediatamente encontraría mil monedas de plata.
No pudiendo contener su alegría, el hombre corrió a la playa, pero allí cayó en manos de unos piratas que luego lo vendieron. Y fue así como encontró las mil monedas de plata.
Moraleja: Quien trata de engañar, termina engañado.

Literatura infantil
LA BIBLIO José A. Guisasola