Cuando tiene hambre, la Pilaraña (que es un bicho horrible) silba. Ni abre la boca, ni le hace ruido la panza ni se le junta saliva entre los dientes. Silba para despistar...
Siempre anda por ahí algún Cascaroso distraído, de ésos que a la Pilaraña le gustan tanto, y se para a escuchar cómo la monstrua se silba un tango.
Entonces ella lo engancha del cuello del saco con una uña y se lo acerca a los anteojos para estar bien segura de que es un Cascaroso en buen estado, y se lo come. Sin masticar.
Por suerte, todos los Cascarosos (grandes y pequeños, raquíticos y obesos, sabihondos e ingenuos, santafesinos, cordobeses, porteños y de donde fueran) han hecho el Curso Práctico de Supervivencia en Panza de Pilaraña.
Una vez tragado por la Pilaraña, el Cascaroso prende un fósforo mientras cae por el esófago y ya en la panza abre el manual de bolsillo con las principales instrucciones:

Literatura infantil
LA BIBLIO José A. Guisasola