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3 CUENTOS DE SILVIA SCHUJER

Cuento 1: EL ASTRONAUTA DEL BARRIO

Apenas sonó el despertador, el señor Poquito Pérez saltó de la cama como un resorte. Se quedó un rato parado en el medio del cuarto, y cuando creyó estar despierto, subió la persiana.

"Va a ser un día de sol", se dijo. Porque a través de la ventana vio que el cielo estaba celeste.

Pensando en el sol, el señor Poquito Pérez se pegó una ducha fresca y se vistió con ropa liviana: un pantaloncito corto, una remera de hilo y una gorra con visera. También preparó los anteojos negros, pero no se los puso hasta la hora de salir.

Antes de afeitarse prendió la radio y escuchó un informativo. Entre noticia y noticia, el locutor le recordó a la gente que esa mañana empezaba el invierno.

"¡Pero si ya estamos en invierno!", se acordó el señor Poquito Pérez.

Así que, para no morirse de frío en la calle (a veces, aunque haya sol hace frío), además de lo que ya se había puesto, se calzó un buzo, un pañuelo de garganta, guantes y un par de medias de lana.

Después de afeitarse, el señor Poquito Pérez fue a la cocina a prepararse unos mates. Estaba desayunando cuando en eso miró la hora y recordó que no era domingo, que tenía que ir al trabajo.

"¡Qué tonto!", se dijo. "¿Cómo voy a ir a trabajar con pantaloncitos cortos?".

Volvió entonces a su habitación y así nomás -para no perder tiempo- se puso unos pantalones largos arriba de los cortitos, el saco del traje arriba del buzo (y de la remera) y un par de zapatos sobre las medias de lana.

Antes de salir a la calle, el señor Poquito Pérez volvió a mirar por la ventana y el celeste del cielo se había vuelto gris. No sólo no había una hilacha de sol, sino que las nubes, gordísimas, parecían a punto de explotar.

-Va a llover -comentó-. Lo que me faltaba.

Y para no mojarse, encima de lo que ya tenía, se puso una campera con capucha. Sobre la campera, un piloto y sobre los zapatos -para no arruinarlos-, un par de botas de goma.

Un poco incómodo, el señor Poquito Pérez abrió la puerta y salió de su casa. Caminaba por la vereda tan despacio y endurecido de ropa que más de un vecino lo confundió con un astronauta. Y hasta tal punto parecía un astronauta que él mismo se convenció: cuando llegó a la parada, en vez de un colectivo, tomó una nave espacial (una que pasaba por la esquina). Y tan bien lo trataron en la nave esa mañana que, en vez de ir al trabajo, el señor Poquito Pérez, se fue derecho a la Luna.

Y lo bien que lo pasó...


FIN

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Del libro El astronauta del barrio (Alfaguara)

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Por Silvia Schujer | Para LA NACION
Viernes 19 de agosto de 2011 | Publicado en edición impresa


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Foto: PABLO PICYK

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Cuento2 : UN PUEBLITO, de Silvia Schujer

Justo justo en el medio del mundo hay un pueblo tan chiquito, que en la historia se lo conoce, simplemente con el nombre "Pueblito". No sólo la pequeñez es lo que diferencia a Pueblito de los demás pueblos y ciudades del mundo, sino también sus costumbres.

Por ejemplo, que todos se conocen de memoria. Que viven agrupados en familias en las que, además de abuelos, abuelas y mamás, hay animales y plantas que llevan el mismo apellido.

Y qué cosa. A pesar de estar justo justo en el medio del mundo, Pueblito es un lugar muy poco visitado. Hay quienes no van porque opinan que es aburrido: no hay autos, no hay barullo ni graciosas confiterías.

Un día, sin embargo, llegó a Pueblito un señor nada joven, gordo, panzón y con cara de batata. Por todo equipaje traía una cámara fotográfica que colgaba de su cuello y un bolso. Era una mañana de sol y los pueblitenses, al verlo, lo recibieron contentos, con bombos y platillos.

El señor gordo panzón con cara de batata se acercó muy serio.

- Soy un gran empresario. Un réquete recontra empresario que sabe mucho de grandes empresas - dijo con voz distinguida.

Los pueblitenses lo miraron sin entender: no conocían la palabra "empresario", pero igual le ofrecieron ayuda.

- Quiero poner una gran empresa en este lugar - dijo el señor gordo y panzón -. Para eso, tengo que hacerlos famosos.

Los pueblitenses lo escucharon atentos.

- Necesito que me muestren los paisajes de este pueblo y mis fotos se convertirán en postales que el mundo entero verá y querrá conocer.

El presidente de Pueblito señaló la Plaza Central, llena de grandes y chicos pueblitenses y dijo:

- Éste es el paisaje más lindo que tenemos.

Pero el gordo panzón con cara de batata, frunció la nariz como de no gustarle. Y peguntó si no tenían museos, monumentos importantes...

- Aquella piedra donde duermen los pájaros es nuestro monumento nacional - respondieron seguros de éxito los pueblitenses.

Pero el gordo panzón con cara de batata, frunció la nariz como de no gustarle. Y algo enojado preguntó si acaso no tenían mares, palmeras, montes nevados.

- No - dijeron los pueblitenses preocupados por no poder ayudar al extranjero.

- Esto es una porquería - gruñó el señor.

Y los pueblitenses se largaron a llorar amargamente por el insulto.

Las inteligentes mariposas, que son mayoría en Pueblito, vieron lo que pasaba, y entre todas dibujaron sobre el cielo un hermoso paisaje de palmeras y mar. Al instante, cambiaron el dibujo y se volvieron montañas y ríos. Luego mar otra vez.

- ¡Vea eso señor! - dijo el presidente: ¡qué lindo mar! ¡qué palmera tan alta tenemos!

- Ustedes me están embromando. Esas son mariposas - dijo el gordo panzón con cara de batata.

Y con la cámara de fotos y su bolso, empezó a caminar hacia otra parte, abandonando Pueblito. "Esto es una porquería", repetía a gritos mientras se alejaba.

Pero ya nadie podía escucharlo. Los pueblitenses estaban maravillados con los dibujos de las mariposas. Mares, palmeras, montañas, ríos y bosques que, desde ese día, convirtieron a Pueblito en el único lugar del mundo donde, al mismo tiempo, pueden existir todos los climas y paisajes que se imaginan.


FIN



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"Cuentos y chinventos" (1986). Visto y leído en: Cuentos mágicos


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Ilustración: © Pablo Bernasconi

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Cuento 3: EL PAÑUELO, de Silvia Schujer

Lo que pasa en la pantalla es terrible. Decir tristísimo es poco. El cine es un mar de sollozos ahogados.

Cuando siente que los ojos se le llenan de lágrimas, Márilin abre la cartera.

Primero extrae un manojo de llaves que apoya sobre su falda. Todas amarradas a un huevo dorado con piedras incrustadas en los polos: el llavero.

Enseguida saca un peine, un cepillo, uno de dientes y un espejito de mano. Después del espejo, sus dedos se estrellan contra un frasco de perfume metido en una bolsa de nailon de esas que usan en los supermercados para pesar verduras.
O las frutas.

Sin quitar un segundo los ojos de la pantalla, Márilin extrae de la cartera un par de anteojos de sol, el estuche, un rouge, una caja de chicles Adams, una billetera, el porta documentos que le regalaron, el rollito de papel higiénico que siempre guarda por si le vienen las ganas de ir al baño en un bar. Cospeles y un sacapuntas.

Cuando su falda queda completamente ocupada aprovecha la butaca de la izquierda que está libre y acomoda la linterna, el encendedor, la agenda, las biromes y el pastillero que aparece en un recodo y días antes ella diera por perdido.

Entre tanto, lo que pasa en la pantalla sigue siendo muy triste.

Márilin siente que la cartera se moja con el agua de los ojos y acaso de su nariz. En una búsqueda a esta altura descorazonada saca una cajita con cuatro cartuchos de tinta lavable, una hebilla con moño, el costurero de bolsillo que le han vendido en el tren. Veinticuatro papeles sueltos con direcciones y teléfonos, tarjetas navideñas de UNICEF, la plantilla de un zapato que le queda grande, el carnet de la pileta, la receta del pedicuro, el monedero con el cierre roto, la agujereadota que equivocadamente se ha llevado de la oficina, las entradas de un concierto al que ya fue, un enchufe de tres patas, caramelos para la tos y dos autitos de carrera del sobrino de una amiga.

Cuando Márilin encuentra su pañuelo, la película ya ha terminado hace quince minutos.


FIN

Visto y leído en: Leer porque sí

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Ilustración: Julia Vallejo Puszkin
“La abducción de una mujer por parte de su cartera”

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12 comentarios:

  1. Muy lindos! me encantan los cuentos de Silvia Schujer.

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    1. ¡Síiiiiiii!! a nosotros también nos encantan sus cuentos.
      Besos ✿◕‿◕✿

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  2. no me sirvio pero me parecen muy bien elaborada esta pajina . no me sirvio por que mi hermanita necesita es canguros al sol

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    1. Hola Nicol, si sos de Argentina el libro seguro lo encontrás en bibliotecas y librerías sin ningún problema. A estos libros para primeros lectores (imprenta mayúscula y pocas páginas) es muy difícil encontrarlos para leer o descargar de la web. Sí, podés comprarlo por internet, por ejemplo en Librería Hernández

      Te paso los datos del libro “Canguros al sol. Silvia Schujer. Ilustraciones de Sebastián Barreiro. Buenos Aires, Editorial Guadal-El Gato de Hojalata, 2003. Colección Cuentos de la Pradera.” y el enlace a la Editorial Guadal

      Un beso,
      Analía

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  3. fabulosa la página!!! me encantan estos cuentos, soy docente y los uso muchisimo con mis alumnitos. de aquí también selecciono para luego comprar los que quiero. felicitaciones!!!
    Carolina de Villa Allende, Córdoba

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  4. Hola buenas tardes, soy estudiante del profesorado de nivel inicial, quería saber si me podrían recomendar algunos cuentos para niños de 5 años. Muchas gracias.

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    1. Hola, Johanna, perdón, pero no recomendamos lecturas.
      Te paso el enlace para que veas los cuentos con imprenta mayúscula que hemos publicado, ahí vas a encontrar, por ejemplo, el cuento CHOCO ENCUENTRA UNA MAMÁ, DE KEIKO KASZA, que sí lo vi recomendado por el Plan Nacional de Lectura.
      Cuentos en imprenta mayúscula

      También recomendaron el cuento Miedo de Graciela Cabal
      Fijate acá: Cuento Miedo

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  5. Hola. Yo estaba buscando el cuento "La Última Palabra" pero no lo encuentro. Me gustaría que me digan si hay alguna posibilidad de encontrarlo ya que es para la escuela. Muchas gracias!

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  6. Hola Elis, no encontré nada en internet para ayudarte. a lo mejor lo encontrás en la biblioteca. Te paso los datos del libro:
    “La última palabra” de Silvia Schujer, cuento incluido en Puro huesos. Ilustraciones de Marcelo Elizalde. Buenos Aires, Sudamericana, 1994, Col. Pan Flauta.

    Suerte,

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  7. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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