PROYECTO de LECTURA e INFORMÁTICA

Bibliopeque itinerante

Por más lectores, por más inclusión

"Argentina crece leyendo"

¡¡Un Mundo Mejor ES Inevitable!!

Cuento: LA ESTRELLA DEL FÚTBOL, de Ricardo Mariño (Inédito)


De chico fui muy malo jugando al fútbol: en lugar de la pelota, pateaba los tobillos; a veces festejaba un gol de los adversarios o perseguía al referí pensando que era un adversario.

Pese a todo, un día los chicos vinieron a buscarme, nuestro equipo debía enfrentar al barrio “El chorizo”, un equipo de chicos gordos, alimentados con toneladas de carne, porque eran hijos de trabajadores de un frigorífico.

Nuestro barrio, en cambio, era débil y propenso a la gripe.

Nuestros padres trabajaban en el molino harinero, y nosotros vivíamos comiendo fideos.

El día del partido, había tres de los nuestros con fiebre. Por eso vinieron a buscarme.

Cuando faltaban cinco minutos, el partido seguía cero a cero.

Habíamos pasado todo el tiempo metidos en nuestro arco, haciendo rebotar en nuestras cabezas, rodillas y colas los terribles pelotazos que tiraban los adversarios. Yo no había logrado tocar la pelota con los pies, pero sí impedí tres goles: uno con la espalda, otro con la oreja y otro con la nariz.

“¡Troncoso ya nos salvó de tres goles –gritó un chico-. Vieron que había que traerlo!” Cuando estaba por terminar el partido, hubo un córner para nosotros. Mi abuelo, que hacía de referí, me dijo: “Andá a cabecear, Carlitos, que después del córner lo termino”.

Fui. Vi que la pelota venía en el aire y, con los ojos cerrados, corrí hacia ella.

Hacia el mismo objetivo iba todo el mundo. Varias cabezas chocaron, cuatro jugadores cayeron al suelo y, en medio del lío, sentí que algo duro estallaba contra mi mejilla derecha.

Cuando desperté, me di cuenta de que mis compañeros me llevaban en andas y gritaban “goool”. Mi abuelo saltaba sobre su reloj y gritaba: “¡Terminó! ¡Terminó!”.

Aquel día gané para siempre el respeto de todo el barrio.

Desde entonces, cada vez que pasaba por el almacén, el dueño me gritaba “¡Grande, Troncoso!”, y el kiosquero cada tanto me regalaba una gaseosa sólo para que yo volviera a contar cómo había sido el gol.


FIN ✿◕‿◕✿

Visto y leído en:
LEEMOS UN CUENTO. Garrapiñadas 1. AZ Editora

Ilustración: Pablo Pavezka



0 comentarios:

Publicar un comentario


Hola, si estás en el formulario de comentarios vas a ver que hemos activado la opción de verificación de palabras, lo hicimos para reducir la entrada de Spam.

Gracias y disculpa las molestias…

 

©Copyright 2012 www.reinventaweb.com

Garabatos sin © (2009/2017) | Analía Alvado

Ilustraciones Alex DG©