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Cuento: CUMPLEAÑOS DE DINOSAURIO, de Mónica Weiss

Juanchu amaba a los dinosaurios.

Soñaba dinosaurios.

Dibujaba dinosaurios.

Coleccionaba dinosaurios.

Y al llegar su cumpleaños, ¿qué pidió?

Una fiesta de dinosaurios.

En una lista sus padres anotaron: invitaciones de dinosaurio, piñata y globos de dinosaurio, vasitos, mantel y servilletas de dinosaurio, y una enorme torta de dinosaurio con velitas de dinosaurio.

Entonces pensaron “así nos gusta, todo bajo control”.

–¿Puede ser de disfraces la fiesta?

–Sí, Juanchu. Sí.

¿Puede animarla mi tío Pepo?

–Sí.

–¡Seré el mejor dinosaurio para mi Juanchu!– dijo el tío Pepo y se desperezó.

–“...¡aaaaaaaggggghhhhh!...”

Después de un largo bostezo prometió aparecerse en el cumpleaños con un enorme disfraz azul.

Llegó el día de la fiesta.

La casa preparada.

Los invitados, a punto de llegar.

Juanchu estaba en su habitación. Se sentía raro.

El disfraz le sobraba en los pies, le tironeaba bajo los brazos y se había descosido en un costado.

La mamá le pintó unos bigotes (es que a Juanchu también le gustan los tigres).

Llegaron los chicos, pero sólo cuatro estaban disfrazados.

Ivi, Guidi, Joaco, y Catalina, la distraída.

Cuando la mamá repartió bonetes de dinosaurio (que había comprado por las dudas), todos los chicos se pusieron a gruñir y a mostrar las uñas.

Menos Catalina, que se quedó mirando cómo bailaban los globos de dinosaurio con el vientito del ventilador.

Media hora después, y Pepo sin llegar.

–¡¡Guerra de dinosaurios, todos contra todos!! –decidieron los propios chicos.

Menos Catalina, que se puso a comer palitos salados bajo la ventana.

Y tal vez fue por eso que sólo ella escuchó aquel ruido que venía de afuera. Y que vio aquella sombra avanzando por la pared.

Sonó el timbre.

Catalina dejó de comer palitos.

¡Era un dinosaurio!

Juanchu corrió a abrir la puerta, y entonces, deslumbrado gritó:

–¡Chicos, chicos, vengan a ver a mi tío Pepo!

En silencio, los chicos miraron al dinosaurio.

El dinosaurio miró a los chicos.

Hasta que rugió un descomunal rugido, con su garra rayó la puerta, descolgó la cortinita floreada y entró.

Juanchu dijo: “...guaaauuu...” y lo abrazó. Guidi le lamió una pata. Ivi lo pellizcó. Y Joaco se puso a dibujarle el lomo con una birome.

Los demás aplaudieron.

Menos Catalina, que se largó a llorar y corrió a avisarle a los padres de Juanchu que un dinosaurio de verdad acababa de entrar por la puerta.

–¡¡Es enorme, azul y con unos dientes así de grandes!!–

–...Bien, bien, ya era hora de que llegara Pepo...– comentaron los padres.

Catalina, bastante ofendida, se escondió debajo de la mesa con un plato de masitas.

El dinosaurio se dejó caer en el sillón, algo mareado.

Los chicos se le subían por la espalda, lo tironeaban para todos lados y le hacían trencitas.

Cuando la mamá los llamó a la mesa, entre todos lo arrastraron, y comieron y bebieron apurados, para seguir jugando.

–Parecen bestias– decía el papá.

–¿Soplamos las velitas juntos, tío?– preguntó Juanchu al dinosaurio.

Pero justo, justo, cuando terminaba el “...queee los cuuumplaaas feeelííízzz...”, el humo de las velitas entró en sus dinosáuricas narices, y “...

¡¡¡¡aaaaatchuúúússsss!!!!...”

El estornudo, con la fuerza de un terremoto, destruyó la torta.

La mamá y el papá miraron uno a uno los pedacitos de torta desparramados por el living, como si se pudieran volver a juntar.

Y a los chicos, bañados en chocolate, que se llevaban al dinosaurio hasta el cuarto de Juanchu.

El dinosaurio quedó mudo. Raros seres lo acechaban desde los rincones.

Pero el colmo fue el espejo. Esa enorme bestia azul que lo miraba con cara de espanto.

Muerto de susto, el dinosaurio salió corriendo.

Sólo Catalina lo vio cruzarse en la puerta de calle con Pepo, que justo, justo llegaba disfrazado.

¡Se había quedado dormido!

Mientras huía, el dinosaurio vio a Pepo (a esa cosa de tela parecida a la bestia del espejo) luchando por sacarse la cabeza.

Pero Pepo no vio al dinosaurio (a esa cosa veloz que pasaba a su lado resoplando). Y cuando al fin liberó su cara del disfraz, en pose de fiera dijo “bu”.

Los chicos lo aplaudieron como locos. Nunca habían tenido un animador así, sobre todo por los gruñidos.

La fiesta había terminado.

Con Juanchu a upa, Pepo decía “gracias, gracias, pero aún no han visto nada”, mientras los demás se iban a sus casas.

Feliz esa noche, Juanchu en la cama imaginó una nueva fiesta.

Porque iba a coleccionar, a dibujar, a soñar.

Juanchu iba a amar a los robots gigantes interplanetarios...


Fin ✿◕‿◕✿


“Cumpleaños de dinosaurios” de Mónica Weiss. Editorial Sudamericana S.A.
Ilustraciones: Mónica Weiss
Plan Lectura 2008. Colección: “Escritores en escuelas”
Ministerio de Educación. República Argentina

http://planlectura.educ.ar/

Mónica Weiss ilustra, escribe y diseña libros. También fue arquitecta, música y profesora universitaria de Diseño Arquitectónico IV y V en la UBA (Universidad de Bs As).
Publicó más de 70 libros, en Argentina, USA, México, Colombia, Puerto Rico y España, e ilustró revistas en Inglaterra, Venezuela y Argentina.
Fue Vicepresidente de Alija (IBBY Argentina), pero en lo institucional es conocida sobre todo por haber sido la Coordinadora General del Foro de Ilustradores / Argentina desde su creación en 1998 hasta 2005 en que pidió un descanso.
Obtuvo numerosos premios y distinciones: Primer Premio Latinoamericano NORMA FUNDADORA 2006, Colombia; Premio del
Banco del Libro 2007, Venezuela; Lista de Honor IBBY 2002 (Basilea, Suiza); White Ravens 2002 y 2008 (Münich. Alemania); Magic Pencil 2004 (Gran Bretaña y Argentina); Cow Parade Bs.As., Selección del Jurado.
Condujo el programa radial “El Frasco Sin Tapa”, y sus segmentos sobre libro ilustrado.

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Ilustraciones Alex DG©