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Cuento: EL AVISPÓN MOBUTO SALVA UNA VIDA, de Ricardo Mariño

Un lamento desgarrador recorría toda la planta de Limón:
-BUUUUUUUUUUUuuuuuuuuuuuaaaaAAAAAAaaaaahhhHH.

Este triste alarido pertenecía al renombrado Tito Nicolás Ciempiés, dueño de 50 patas izquierdas y otras tantas derechas. Ese día se festejaba el casamiento de Lulo y Lula Grillo y a él, al Ciempiés, se le había metido en la cabeza –tenía una sola- que debía ir a la fiesta con 100 relucientes zapatos.

Por supuesto que no tenía ni un solo par. Ni siquiera un par de cordones, o media zapatilla vieja. “Soy el bicho más desamparado de esta planta”, se lamentaba revoleando sus cuatro ojos.

En ese momento llegó la Mariposa encargada de repartir las invitaciones. Al darle la invitación, el Ciempiés la rechazó:

-No, no voy. No quiero invitación. Me duele la cabeza, tengo que barrer el gajo Nro. 37, tengo que escribir una carta a mi primo.

Ni bien la Mariposa se fue, él volvió a lo suyo:

-¡Buaaaahhh! No tengo ni siquiera 100 zapatos para la fiesta…

El avispón Mobuto, escondido detrás de una hojita, había presenciado la terrible escena. Decidió ayudar a su amigo.

En menos de media hora el Avispón pudo reunir a todo el barrio de la planta (menos, claro, Tito Nicolás Ciempiés).

El Avispón Mobuto puso a consideración el problema de los zapatos.

-¡Qué se dibuje un zapato en cada pie y listo! –propuso una Chinche Verde muy nerviosa porque era la primera en opinar.

-Busquémosle un zapato gigante y que meta ahí todos los pies –dijo la Araña Francisca.

-Yo opino… ¿qué iba a decir…? ¡Me olvidé! –dijo un piojo. Todos rieron.

-¡Qué el Ciempiés lleve un cartel que diga “100 zapatos” –gritó alguien.

-¡No! Que diga “50 zapatos izquierdos y 50 derechos” –opinó sonriendo la Chinche (sonreía porque era la segunda vez que hablaba).

La reunión duró horas. El piojo que habló, por ejemplo, empezó la reunión siendo niño y la terminó adulto. De todas maneras, cuando faltaba poco para la hora de la fiesta, llegaron a un acuerdo.

Ni bien terminó la reunión el Avispón Mobuto voló hasta la casa de Tito Nicolás Ciempiés.

-¿Qué hacés Tito? ¿Cómo te va?

-Me duele la cabeza, tengo que barrer el gajo Nro. 37, tengo que…

-¿Te enteraste de la última? Este barrio está cada día más loco…

-…tengo que escribir una carta…

-A la fiesta hay que ir descalzo.

-…una carta a mi primo… ¿Qué?

-Que a la fiesta hay que ir descalzo.

El que no va así no entra.

-¿Descalzos?

-Sí. Dicen que es la última moda. Son locos…

-Ah…¿así que está de moda ir descalzo a las fiestas?

-Claro. Pero vos no podés ir…

-¿Cómo? Si yo tengo pies descalzos….¡Cien tengo!

-Sí. Eso sí. Pero te duele la cabeza, tenés que barrer y la carta.

-¡Pero no, querido! Si la cabeza no me duele más (dijo T.N. Ciempiés mientras empezaba a peinarse el flequillo, entusiasmado). Además que voy a barrer el gajo 37 si está limpito. Y que le voy a mandar una carta a mi primo si todavía no sabe leer, ¿sos loco vos? Vamos, vamos Mobuto, que se hace tarde.

La fiesta fue un éxito. Había migas de medialuna, miel, polen, medio durazno podrido y otros manjares. Tito Nicolás Ciempiés se sacó una foto bailando un tango con la Chinche Verde y otra foto haciendo muecas con el Avispón Mobuto. Un fiestón.



FIN ✿◕‿◕✿


MARIÑO, R (1993), “Eulato”, Cuentos del pajarito remendado, Bs. As., Colihue.

Visto y leído en: Cuadernillo Segundo Ciclo

Ilustración: © José Luís Navarro García



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